Published On: Sun, Mar 13th, 2016

!Luis, Carolina, pueblo… ésto tiene que cambiar!

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Miguel Espaillat GrullónEn este tiempo, y como un grito de guerra, por donde quiera se oye: “esto tiene que cambiar”.  “No podemos seguir viviendo en esta tierra de ladrones”, dice indignado Huchi Lora, cuando habla del vergonzoso caso de Bahía de las Águilas.  “Esto no puede seguir así, esto tiene que cambiar,” es la expresión más socorrida que se oye en los discursos de campaña de los llamado líderes políticos.  “Esto no puede seguir así, esto tiene que cambiar,” es el decir que se oye en la gente de todos los extractos sociales y profesionales.  “Esto no puede seguir así, esto tiene que cambiar,”, es hoy por hoy un decir popular, que como grito de guerra, se oye por doquier.

Cierto, esto tiene que cambiar, y mucho. Tal como dice Huchi Lora, no podemos seguir viviendo en esta tierra de ladrones, y yo añado, en esta tierra con tantos saqueadores y tránsfugas, con tantos sinvergüenzas y traidores a los más elementales valores patrios, cívicos y morales.  No podemos seguir viviendo en esta tierra con tantos empresarios indolentes y egoístas, con tantos banqueros siniestros y de políticos cínicos, demagogos y hasta canallas y rastreros.  No podemos seguir viviendo en esta tierra con tan vergonzosos laberintos de desigualdades y marginación social.  Pero tampoco podemos seguir viviendo en una tierra, con un pueblo que se ha vuelto indiferente y hasta cómplice con los ladrones que lo saquean todo.

!Esto no puede seguir así, esto tiene que cambiar!  Pero, ¿quién lo tiene que cambiar?  ¿De quién es esa responsabilidad?  ¿Tuya, mía, de nosotros, de ellos o de todos?  ¿Acaso, contribuye a ese cambio, quien vende su voto por un pote de ron, por un picapollo, por 500 pesos, por un bono gas, un bono luz, o por lo que sea?  ¿Contribuyen los lambones, los tránsfugas, los cobardes, los conservadores y serviles a ese cambio?  ¿Contribuye a ese cambio, el apoyar con nuestro voto a los que están en la política solo para negocios y buscarse lo suyo?  ¿Será un factor positivo para el cambio, santificar familias e individuos, que después, ante cualquier giro del devenir que golpee sus intereses, se cambian para otro bando, donde si le dan lo suyo, tal como vemos, está aconteciendo actualmente con el transfuguismo descarado de muchos de nuestros antiguos dirigentes que se nos pintaban de revolucionarios?

!Esto tiene que cambiar!  Pero los cambios no se dan solos.  Los cambios los hacen las personas, los individuos, la familia, los intelectuales, los profesionales, los estudiantes, los campesinos, las amas de casa, los empresarios, los trabajadores, los líderes sindicales, los periodistas, los maestros, los religiosos, los políticos, los pueblos, las naciones…en fin, todos.  Siendo así, entonces, la primera condición para que las cosas cambien, es cambiar nosotros mismos.

En ese tenor, para que las cosas cambien, si soy pulpero, no debo ser un pulpero ladrón, de esos que venden a sobreprecio.  Si soy médico, no debo tratar a mis pacientes como mercancías e inventarme enfermedades y practicarle análisis de laboratorio y operaciones quirúrgicas innecesarias, tan solo para sacarle dinero.  Si soy abogado, no debo de ser uno de esos togados que estafan inmisericordemente a sus clientes. Si soy empresario o banquero, debo pagar mis impuestos como la ley manda, pagar salarios justos y desarrollar mis activadas sobre la base de ganancias justas.  Si soy periodista, juez, pastor, cura, obispo o cardenal, solo debo estar a favor de la verdad y la justicia. En fin, igual civismo deben practicar los gobernantes y gobernados, es decir, el Presidente y Vice Presidente de la República, congresistas (senadores y diputados), ministros, funcionarios municipales, y todos los nacionales, desde el más humilde servidor, hasta el más encumbrado ciudadano.

!Esto tiene que cambiar, y drásticamente!  No podemos seguir viviendo en este desorden y bajo un régimen de tanta iniquidad e inequidad. Para ello, todos los dominicanos, no solo debemos exigir derechos, sino también, cumplir con los sagrados deberes para con la patria y con todas las demás responsabilidades que nos atañen como ser social, pues no es lógico, que tengamos la cachaza de estar exigiendo a los demás, cuando nosotros, no somos el ejemplo.  En esa tesitura, primero tenemos que concientizarnos y empoderarnos, para garantizar en buena lid, el ejercicio pleno, de todos esos derechos y deberes en todas sus instancias.

Para este ejercicio ciudadano, como ya dejé establecido, no es solo exigir un cambio en los demás, sino también en nosotros mismos.  En eso, tenemos que ser duartianos para asumir escarmentar a los corruptos, a los ladrones y a los traidores como se debe.  Entendiendo, que los traidores no son los que sindican los nacionalistas fundamentalistas que se ensañan contra dominicanos pobres de ascendencia haitiana, sino aquellos, que se confabulan con poderes extranjeros para entregar nuestros recursos naturales a precio de chilata, pero que también, dan contratos de construcciones de carreteras y carboelectricas sobrevaluadas, que regalan nuestras empresas, principalmente las estratégicas en privatizaciones y que por demás, roban el erario de manera descarada.

En esta recomportación, son importantes hasta los pequeños cambios. Un ciudadano que no tira la basura a la calle, que no desperdicia el agua ni la energía, que no molesta a su vecino con música alta, que paga si coge prestado, que es solidario, que es participativo en los hechos de su patria, de su comunidad, que es buen padre, mejor hijo, buen amigo, buen hermano, buen familiar, etc., este ciudadano hace la gran diferencia con los especímenes de la barbarie.

Por último, para finalizar este trabajo, toco un punto, para mi trascendental en este discursivo momento que vive nuestra patria.  La conducta nuestra, frente a nuestros gobernantes y dirigentes políticos, tiene que ser revisada, por igual la de ellos frente a nosotros sus “súbditos”.  Hasta ahora, fruto de nuestro atraso político, los dirigentes de arriba, tienen la tiránica potestad, de bajarle línea a las bases, y estas (las bases), obedecen, sin sopesarlas, como mansos corderos.  Esta situación, ha traído como consecuencia, que los enquistados arriba, usan a los pueblos para sus fines particulares, en detrimento de la colectividad, a la que supuestamente se deben.  Con estas formas, si alguien en las bases es exigente y contestatario, y difiere de esos poderes enquistados en las alturas, entonces, al “atrevido”, se le tacha hasta de traidor al partido y a la causa.  Lógicamente, esta forma engendra un miedo en la militancia, por lo cual, el debate de las ideas es nulo, lo que también frena la dinámica y el fluir dialéctico, tan necesario para el avance de los pueblos. También esto tiene que cambiar, y lo tienen que comprender unos y otros.  Trujillo ni los trujillistas, ni Balaguer ni los balagueristas, permitían cuestionamientos a sus decisiones, muchos menos, daban participación a las bases, para que opinaran o tomaran parte en las grandes o pequeñas cuestiones a decidirse.

Para explicarme mejor, me remito a un hecho reciente. La semana pasada publiqué un artículo con el título: ¿Carolina Mejía, Vice presidente de la República?   El contenido del mismo disgustó profundamente a algunos de los seguidores del líder Mejía.  Ellos entendieron que yo estaba hablando mal de la nominada a Vicepresidenta.  Por esa publicación, hasta se llegó a hablar de mi expulsión del Partido.  Esa mentalidad trujillista-balaguerista, tenemos que cambiarla.  Los de la base, los del pueblo, tenemos todo el derecho a cuestionar las decisiones de nuestros dirigentes y ellos están obligados a escucharnos y a discutir con nosotros (discutir en el buen sentido de la palabra), sin que vean en ello una confrontación o un desacato a las autoridades.  Incluso, así debe de ser, para que ellos (los lideres), no se conviertan en tiranos, porque nuestras oposiciones, les sirvan de freno a las inherentes tendencias absolutistas de algunos o de casi todo ser humano, cuando no tiene quien o quienes los contengan.  Además, las conductas contestatarias de las masas y exigencias, obligan a los líderes a las acciones para causas nobles. Un ejemplo de esta situación nos la da Franklin Delano Roosevelt, quien durante el “crack” del 29, se reunió con varias organizaciones sindicales que le propusieron algunas políticas progresistas a incluir en el llamado “New Deal”.  Roosevelt, después de escucharlos les dijo: salgan a la calle y oblíguenme a hacerlo…y se dice que lo hicieron, lo que obligó a Roosevelt a adoptar las políticas progresistas demandadas.

Al igual que hizo Roosevelt, al aceptar y motivar las propuestas de los trabajadores, también, con igual inteligencia, debieron reaccionar ante mis preguntas los seguidores de Carolina y ella misma.  En consecuencia, las preguntas a Carolina de mi artículo citado, deben verse como una oportunidad a aprovecharse, para que ella, con respuestas inteligentes, en un derroche de talento, se la luzca, respondiendo, de tal forma, que nos mate el gallo en la funda.  Por ejemplo, en la pregunta del primer párrafo: ¿Es ideológicamente Carolina Mejía diferente a Margarita Cedeño, Angelita de Vargas, Yanet Camilo, Lisselot Marte. etc.?   A esta pregunta, para satisfacción, bastaría con que ella conteste: “Ideológicamente soy diferente a esas mujeres por esto, esto, y aquello…y así sucesivamente contestar las demás preguntas.  Eso es todo.  Además, contestando estas preguntas, Carolina tiene una oportunidad de oro, para darse a conocer a los miles que no saben de sus atributos políticos o que solo le confieren el mérito de ser la hija del expresidente Mejía, lo que también le daría oportunidad, para destruir la imagen de la “barby”, que muchos tienen de ella.

Vista la temática anterior, podemos concluir diciendo que, ante el desastre en que está nuestro país, para salvarlo de la ruina total, a todos dominicanos no nos queda más que, empoderarnos para abocarnos a acciones concretas con las cuales se pueda cambiar el torcido y nefasto rumbo que Leonel y ahora Danilo, le han dado al país.  !Esto tiene que cambiar!  “No podemos seguir viviendo en esta tierra de ladrones y de iniquidades, y de un pueblo, hasta cierto punto, tonto, sumiso y permisivo.  En este contexto, también debemos luchar- para cambiar- el inveterado uso de adular y endiosar a nuestros líderes.  Esa práctica los daña y engríen, y a nosotros, nos empequeñecen y envilecen.  Mejor sería, que nos mantengamos críticos y en alerta, lo que vendría a ser, un acicate y garantía, que obligaría a nuestros gobernantes a cumplir con el rol para el cual fueron elegidos.

!Esto tiene que cambiar! A Danilo y al PLD hay que sacarlos del poder y darle paso a la formula: Luis Abinader Presidente-Carolina Mejía Vicepresidente 2016-2020, para dar inicio a un verdadero “Proyecto de Nación”.  Principalmente sobre ustedes dos, descansa el reto de cambiar toda esta podredumbre.  Nuestro pueblo les acompañara en ese reto, al grito de: “Cambio o Muerte”.

Posdata:

Aviso a mis lectores, que debido a que me tomaré unas merecidas vacaciones, mis artículos no les llegarán por unas tres o cuatro semanas.  Hace casi seis años que no voy a mi patria, y llegó el momento de hacerlo, aunque muchos familiares y amigos, afectados por un síndrome paranoico, me aconsejan no ir por ahora.  Ellos temen, que los personajes que han sido objetos de mis cuestionamientos y descarnados ataques políticos, puedan ejercer retaliaciones en mi contra, en lo que puede caber, hasta atentar contra mi vida.

Al confesar esos temores, unos me dicen, cuídate de los Vincho, otros, ten mucho cuidado con los jerarcas del PLD y de los generales que apoyan a Leonel, otros me externan, no te descuides con los ultranacionalistas que defienden la Sentencia 168/13; que desnacionaliza a dominicanos de descendencia haitiana, que tu tanto has defendido.  Otros me alertan: cuídate de Miguel Vargas y sus secuaces; otros me suplican cuidarme de los capos del narcotráfico que tanto he combatido; y hay, hasta quienes me recomiendan cuidarme de los seguidores del “líder”, porque son fundamentalistas, y los fundamentalistas- me recalcan- son capaces de las peores bestialidades.  También, muy preocupados me dicen: cuídate del dengue, del zika de la chikungunya, del Sida, de tomar agua de la llave y comida de la calle, de los delincuentes, de los sicarios, de las chapiadoras y de un largo etc.  Solo les faltó encomendarme, cuidarme del chupacabras.

Yo los oigo a todos, y hasta me río, para desde lo más profundo de mi corazón, agradecer sus preocupaciones.  Sé que son gente que sinceramente me quieren, y que esas preocupaciones, tienen bases reales; no obstante, con Dios delante, mi viaje hacia la patria va, claro, asumiendo precauciones, con el conocimiento, de que en ese país de nuestros dolores y amores, todo puede suceder, entendiendo además, que el destino de un hombre, se cumple, pese a todas las previsiones y cautelas, en contrario.

Por Miguel Espaillat Grullón                                 New York   11/03/2016

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